Tom Bennet "Finally Loves Me Too"

  • Videoclip de la tonada "Finally Love Me Too" incluída en el album de Tom Bennet "Trash Boogaloo" (Eureka, 2010)


    Dirigido, escrito y montado por Wenceslao Lamas y David Bizarro.

    EQUIPO ARTÍSTICO:
    Tom Bennet, Davinia Álvarez, Luna Muñoz, David Liesa, Sagri Martín, Carmen Cañero, Svali, Nico, Miguel S. Montalbán, Carlos Malayo, David Bizarro, Rubén Rodrigo, Luis Navas, Óscar Rodríguez, Óscar Barras, Mario Prado y Norberto Ramos.

    EQUIPO TÉCNICO
    Producido por: Eureka
    Directora de fotografía: Gema Segura.
    Ayudante de dirección: Ana Llanos.
    Cámara: Laura de Francisco.
    Iluminación: Paloma B. Bielicka, Alberto de Castro y Alejandro León.
    Atrezzo y producción: Cela Ortega, Luis Navas y Chus Bernabeu.
    Maquillaje: Escuela EPRO, Anna Muñoz Naranjo, Raquel Álvarez González, Laura Cazorla Manzaneque, Sara Cabañés López.
    Vestuario: Davinia Álvarez y Esther Pérez.
    Foto fija: Diego Sánchez.
    Posproducción: Abraham Vivas.
    Música créditos: Tom Bennet & La Orquesta Espiritual de Occidente.


  • Hoy cené carne en el bar Evaristo.


    Yo fui con mi bici a comprar tabaco con mi cartera llena de duros, por que son vacas flacas y hay que tirar de hucha. Como era tarde el Bar Antonio del barrio de Goya y el Bar de Pili y Luis estaban cerrados.

    Cogí mi bici y crucé medio kilómetro desde las cocheras hasta el metro de Puerta del Ángel donde está el bar Evaristo. Era la segunda noche que iba. Es un bar con jamones colgando que cierra relativamente tarde.
    Ayer también fui.

    Evaristo se rió de mí por que me quedé embobado mientras metía monedas de 5 céntimos en la máquina, me jodió por que mi despiste era a raíz de que alguien que bebía en el local se refería a un gallego y me pareció que era yo, esto fue ayer, la primera noche que compré tabaco en el Bar Evaristo.
    La Gallega era una chica relativamente gordita, hasta el punto de atractiva con unas pinzas en el pelo y una camiseta azul.

    Hoy decidí ir en bici por que ayer tardé mucho y volví a casa con demasiadas cosas que encontré por la basura. Me gusta basurear, lo hacía Picasso, pero sobretodo me fijé en como basureaba Marian, una antigua novia que lo hacía con mucho estilo.

    Hoy fui en bici y me despeine el pelo recién bañado por bajar cuestas con este frío de primavera apunto de empezar.

    Se me hizo una raya al medio y se me enfriaron los dedos de las manos.

    Llevaba bufanda por que estoy constipado.

    Aunque no me gusta llevar bufanda. Llegué al bar intentando no fijarme en la basura.

    Me jode no poder basurear por miedo a ser un viejo con síndrome de Diógenes.

    En el bar aparqué mi bici con miedo de que me la robasen.

    En el barrio de Puerta del Ángel hay muchos yonkis y muchos negros y me dio miedo de que me robasen la bici, por que yo no entiendo de bicis y me gasté dinero de más en esta.

    Es mi primera bici.

    En el bar había tres clientes y Evaristo.

    Entré con prisa a cambiar mis monedas de 5 céntimos para agilizar el proceso y me detuve ante unos solomillos crudos que Evaristo tenía en una urna de plástico transparente.

    Los clientes del bar eran tres, uno viejo viejo, de unos 80 años, que estaba contemplativo, un cuarenton con camisa de leñador y gafas de plástico que sostenía una bolsa de plástico blanca.

    Avancé hacia Evaristo que corría de un lado para el otro con su cuchillo jamonero y una bayeta, me hizo gracia por que no sabía si cortaba o limpiaba, quizá acabase de matar a alguien en el sótano y estuviese bajando a limpiar la sangre.

    El tercero, que era el que más cerca de mí estaba sonrió, era un cuarentón con bigote castellano y un traje de centro comercial del extrarradio.

    Evaristo lleva coleta y debe rondar los cincuenta.

    Los tres clientes tenían las sobras de un filete encima de la mesa, los restos de tomate andaluz con ajo y sal y tres copas de ginebra y tónica.

    Evaristo me tranquilizó respecto a los yonkis y me cambio un euro de mis monedas, me dijo que metiese céntimos que el vigilaba la bici. Empecé a conversar con los tres borrachines del bar mientras observaba los solomillos y Evaristo cambiaba el euro.

    Les dije que era final de mes.

    Que yo empezaba la jornada ahora, en cierta manera es verdad, me levanté tarde y pienso escribir toda la noche.

    Pero me gustó colgarme un halo de misticismo, que ellos imaginasen que era Papá Noel o un asesino de niños.

    Evaristo seguía dando vueltas de la caja a la barra, sostenía su cuchillo jamonero y su bayeta y contaba mis céntimos.

    El borrachín de la camisa de cuadros seguía jugando con su bolsa de plástico.

    El viejo seguía observando un punto fijo perdido.

    El de bigote castellano se presentó.

    Era de Montijo, en Extremadura, le dije que mi mejor amiga era de Mérida y alargué la “a” final de Mérida, por que los emeritenses alargan las sílabas finales.

    Se rió y fui a echar monedas.

    Hicieron comentarios burlones sobre mis monedas y yo miré los restos de solomillo sobre un plato caliente y la ensalada de tomate.

    Evaristo corría de un lado para otro.

    La bolsa en la mano del de la camisa de cuadros era cocaína, o eso creía yo.

    Compré Camel por que no había Fortuna Light.

    Cuando me iba a ir dije que me ponía triste pensar en la triste lata de atún que me esperaba en casa cuando regresara con mi bici con tanto solomillo por ahí.

    El de bigote me invitó a los restos.

    Los hubiese descartado por vergüenza pero llevaba demasiado tiempo sin probar un solomillo.

    Evaristo aprovechó su cuchillo  jamonero para cortarme pan.

    Yo le pedí que también incluyese el tomate.

    Me iba a ir en la bici pero pensé en el engorro de conducir con tal delicia en la mano y les dije que me quedaba con ellos.

    Les dije que les invitaría a unas cervezas pero que estábamos a final de mes.

    No podía dejar de mirar la bolsa del borrachín de la camisa de leñador.

    Evaristo dijo que era portugués, de Bragança.

    El de bigote me dijo que un día les tenía que llevar de putas.

    Yo le respondí que éramos muchos y tendrían que ser de las malas.

    Me dio pena por que tenía anillo de casado, pensé en pequeños extrémenos con bigote esperándole dormidos en una litera.

    Una señora extremeña con bigote en la cama leyendo el “hola”.

    Hablamos un rato mientras masticaba solomillo, sobretodo de ciudades de España y Portugal y de putas, les dije que en Lugo, de donde soy, había las mejores putas en los años sesenta.

    El de la bolsa hizo un chiste que no entendí.

    Me guiñó un ojo, pensé que me iba a violar, pero lo descarté cuando hizo un comentario sobre follarse a una puta.

    Puta puta puta, les encantaba esa palabra.

    Yo masticaba solomillo con el hambre de un vagabundo.

    El viejo despertó de su trance.

    Les dije, señalando a la bolsa de plástico que “ellos también eran bastante gallegos, o que por lo menos les gustaban sus productos”.

    El viejo me miró y me dijo, “no es cocaína”.

    Evaristo dejó de dar vueltas y empezó a recoger colillas con calma.

    “Es una medicina que usamos para ver a los Dioses”.

    Empecé a tener miedo, desde que eran una secta hasta que se juntaban para tomar peyote.

    “Dios existe, pero no es uno, son varios, ya lo decían los griegos”

    El viejo fue acelerándose a medida que Evaristo se calmaba con su escoba y sus colillas.

    “Yo mismo acabo de ver a Venus bailando sobre la máquina tragaperras, su música rimbombante se transformó en una melodía de sirena, como las de Ulises”.

    Evaristo cayó dormido.

    El viejo daba vueltas mientras hablaba.

    “Estaba desnuda y me prometió que si pasaba dos años más siendo un buen hombre tendría todo lo que quisiese en el Olimpo”

    El de la camisa de leñador me acercó la bolsa, se veía a trasluz en todo aquel plástico un gramo o dos de un polvo verde que casi brillaba, como purpurina.

    El de bigote me ofreció.

    Evaristo dormía.

    El viejo, daba vueltas.

    Acepté.

    Vi a Neptuno.

    Volví a casa dando vueltas.

    Me dormí.

    Y escribo.


    Hoy cené carne en el Bar de Evaristo.