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  • Subía la montaña con el pecho hacia arriba, descalzo y feliz,  gritaba sin emitir ningún sonido más que el del viento bailando contra sus orejas, tenía las megillas calientes, las rodillas duras y el pelo ensortijado. No sobraba la ropa, no molestaba el suelo, no había en él duda ni miedo. Al final del camino había un abismo en el que no entraban ni las cabras y no se distinguía el suelo de abajo y él lo sabía muy bien.

    Allí abajo estaban todos esperándole.

    Video grabado por Jaime Sánchez y dirigido por un servidor. (En él aparecen una ardilla y Susi Hidalgo).